El árbol de granada

El árbol de granada crece en el jardín de la casa donde nací.

Ese árbol lo ocupó todo: dominó el jardín y doblegó al resto de las plantas que quisieron acercarse. Con sus espinas atravesó a un pequeño picaflor, que se desangró en la tierra y murió. No pude salvarlo.

Cada año da muchos frutos, para mí inservibles, inútiles. No tienen buen sabor; no me gustan. Todos dicen amar al árbol, pero nadie come sus frutas. Entonces empiezan a pasarse y pudrirse, hasta que se abren solas, como bocas, y dejan a la vista sus innumerables dientes rojos y brillantes.

El vestido con el que se casó mi madre era color granada.